Tuvo suerte el cineasta Manuel Pérez Paredes de encontrarse con la sinceridad más desprejuiciada en Nikolai Leonov, general retirado de la KGB y traductor vinculado con Cuba durante casi setenta años

Autor: Rolando Pérez Betancourt | internet@granma.cu 14 de octubre de 2021

¡Un documental de dos horas y 20 minutos con una sola persona hablando?  Hice un gesto de duda sin saber bien a qué se referían. Cuando terminé de verlo, miré el reloj sin creer el paso del tiempo y queriendo saber más.

Auguste Rodin escribió en su testamento que «el arte es una magnífica lección de sinceridad y el verdadero artista expresa siempre lo que piensa, aún a riesgo de hacer tambalear todos los prejuicios establecidos».

Tuvo suerte el cineasta Manuel Pérez Paredes de encontrarse con la sinceridad más desprejuiciada en el general retirado de la kgb, Nikolai Leonov, amigo de Cuba, y en especial de Raúl, desde los tiempos en que derribar a la tiranía batistiana era un proyecto inaplazable en la mente de un grupo de jóvenes comandados por Fidel.

Leonov tiene una virtud que los buenos directores valoran y que Manuel Pérez supo aprovechar al máximo: sabe contar, ser ameno, pícaro –quizá sin proponérselo–, transitar los tonos adecuados, reírse y ponerse grave cuando la ocasión lo demanda.

La primera parte del documental dejó con deseos de seguir sabiendo. Las expectativas se cumplen con creces en la entrega final, que exhibe hoy la Mesa Redonda, desde las 6:30 p.m., y que concluyó ayer con Leonov en La Habana, en febrero de 1960, como traductor de la delegación de alto nivel de la urss que preside Anastas Mikoyan. ¿Qué se habló durante aquellos días en que el gobierno de Eisenhower hacía oscilar sobre nuestras cabezas no solo los cañones de sus amenazas? Los mismos deseos de conocer saltan cuando el entrevistado habla de la entrevista de Fidel con Nikita Jruschov en Moscú, con él de testigo, a meses de la Crisis de Octubre, un plato fuerte que, por primera vez, puso nervioso al traductor.

Especialmente duro resulta para Leonov hablar de los últimos años de la Unión Soviética y de las causas que motivaron su desplome. Un análisis personal el suyo para tener en cuenta a la hora de relacionar el papel jugado en la historia por ineptos, oportunistas y traidores.

Mucho para reflexionar y sacar provecho de estas confesiones, pero los argumentos no se cuentan. Además, ver la vida que ha quedado atrás es una lección de humanismo que, con la misma sinceridad de Leonov, recomiendo.

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