Por José Nicolás Medina Fuentes Abogado, profesor, escritor de múltiples ensayos, autor del libro La Deuda Odiosa y la descolonización de Puerto Rico (Publicaciones Libre Pensador, 2018), egresado de Harvard, Magna Cum Laude (1987).| 31/08/2021 | Opinión

Fuentes: Rebelión

  1. Introducción:

La pandemia causada por el virus del Covid 19 y sus variantes ha traído a la palestra debates intensos en diversas disciplinas y quehaceres humanos como la ciencia médica, salubridad, moral, derecho, costumbres, economía, política, entre otros. En este escrito abordo esas interrelaciones para entender las bondades de la vacunación y sus reacciones frente a la misma desde una perspectiva interdisciplinaria que proteja los derechos civiles y humanos individuales y el bienestar de la sociedad.

La pandemia lleva cerca de 2 años. 204 millones de personas se han contagiado hasta el momento y ha causado más de 4 millones de muertes en todo el mundo. Nuevas cepas del virus más resistentes se han desarrollado. Decenas de miles de científicos, empresas, gobiernos y entidades del mundo han emprendido extraordinarios proyectos, cuantiosas inversiones y labores para estudiar el virus y desarrollar vacunas frente al mismo. El consenso inmensamente mayoritario de la comunidad científica concluye que conforme a las normas de la excelencia médica las vacunas aprobadas contra el virus son más efectivas para enfrentar la pandemia y proteger vida y salud que la decisión de no vacunarse. Además se han desarrollado como protocolos adicionales: mascarillas, desinfección de manos y objetos, distanciamiento social y protocolos para diversas actividades. Todos los gobiernos del mundo, las organizaciones mundiales principales, de diversas ideologías y las iglesias de alcance global han apoyado la vacunación.

  1. Los antivacuna

A contra corriente sectores minoritarios de diversa composición ideológica y creencias han decido no vacunarse y otros más activos desarrollan campañas contra la vacunación. Algunos adultos con capacidad legal, y como decisión individual de conciencia laica, amparados en la libertad individual y derecho a la intimidad, han optado por no vacunarse y asumir sus riesgos que incluye su vida y salud. Otros, amparados en objeción por conciencia religiosa. Algunos amparados en teorías paranoides de fines ulteriores de control por enemigos a los que denuncian, otros por prácticas de salud e higiene de vida vegana o vegetariana.

Alrededor a esas heterogéneas posturas de pro vacunación y antivacunación se han desarrollado álgidos debates de diversos matices y en ocasiones de intolerancias y fanatismos. Y no es para menos cuando la pandemia no es una ficción inventada y ha causado y continúa causando tantas muertes y daños a la salud.

  1. El juicio moral

¿Qué es lo bueno y qué es lo malo? Eso lo atiende el juicio moral asistido por la ciencia de la ética y las costumbres impuestas por la comunidad ¿Cuáles son los derechos y deberes legales de los ciudadanos y entidades? Son los impuestos por los estados, sus leyes, reglamentaciones y su poder coercitivo.

Hay que diferenciar los derechos de los adultos con capacidad legal, que son minorías, a su derecho a la intimidad y libre expresión. Estas decisiones limitadas al ámbito estrictamente personal están protegidas por las constituciones y leyes. Pero lo que no puede pretender la minoría que sostiene la posición anti vacuna es impedir a los niños e incapaces a vacunarse. Porque el estado se reserva el poder de “parens patrie” sobre aquellos que no gozan de capacidad por edad o condición para auto gobernarse. Tampoco pueden acudir a acciones que impidan o dificulten el proceso de vacunación. No pueden violar las leyes y reglamentos que establezcan protocolos en diversas actividades para enfrentar la pandemia. En esos casos las personas que lo hagan violan la ley y si lo hacen como desobedientes civiles saben que uno de los principios de la desobediencia civil que aceptan a su riesgo es que se exponen a la pena criminal y civil.

Los humanos que nos congregamos en estados regidos por un contrato social respetuoso de los derechos civiles y humanos, tenemos que estar conscientes que no existen derechos individuales absolutos, y que están limitados frente al bienestar de la comunidad general. Así nadie puede pronunciarse o actuar u omitir actuar en situaciones que el estado de derecho califica como delitos o faltas dañosas: nadie puede matar, agredir, acosar, robar, difamar, discriminar, usar la propiedad ilegalmente para contaminar, destruir o causar daños por culpa o negligencia a otros.

El estado puede exigir a ciudadanos con capacidad mental que deciden no vacunarse medidas idóneas de protección a los demás, distintas a los vacunados. Puede exigir a los vacunados presentar certificado de vacunación para determinadas actividades. Puede establecer uso de mascarillas, medidas de higiene y protocolos en lugares en que pueda haber contagio a otros. Podría requerir el uso de mascarilla de otro color, que no viole la dignidad, a los no vacunados en lugares con público para que los demás tomen medidas de distanciamiento. Los estados pueden establecer requisitos de vacunación para determinados oficios y labores, establecer protocolos en casos de infecciones, por ejemplo, en un centro escolar puede exigir a estudiantes y trabajadores certificaciones negativas periódicas del virus, y aquellos que presenten síntomas ser excluidos por determinados periodos con clases virtuales o licencias médicas.

Las determinaciones éticas están influidas por la ciencia. El mejor ejemplo es el derecho de la mujer al aborto. Sectores religiosos y políticos fundamentalistas se oponían al aborto de manera absoluta, aún en casos de violación o riesgo de muerte de la mujer. Su posición estaba fundada en la tesis de que la vida humana comenzaba con la fertilización del óvulo, es decir desde la concepción. En el caso de Roe v Wade el Tribunal Supremo Federal acogió los nuevos desarrollos de la ciencia médica de que la vida comienza desde que el feto o “nasciturus” es viable. Bajo este nuevo paradigma científico se resolvió y estableció la norma de derecho positivo que durante los primeros tres meses de gestación, en el que el feto no es viable a la vida, el derecho del aborto de la mujer es absoluto y luego de ese periodo el estado puede imponer condiciones más estrictas al derecho a la intimidad al aborto. Contradictoriamente, esos sectores fundamentalistas que se oponen absolutamente al derecho individual al aborto de la mujer, ahora bajo un derecho absoluto a la intimidad pretenden oponerse y algunos obstruir la vacunación de niños, incapaces y público en general.

Lo que ocurre es que el debate que está aconteciendo, frente a una pandemia constante, larga, mortal y oscilaciones, se está quedando en un plano muy superficial y no se educa. Todo fenómeno nuevo que trae nuevos paradigmas en la ciencia trae confusiones y grandes dilemas éticos, es decir qué es bueno o malo.

El juicio de valor moral es uno muy concreto, histórico y determinado. Entran diversos fenómenos o quehaceres que operan simultáneamente y que es necesario conocerlos antes de poder emitir un juicio idóneo de valor. Cuando los paradigmas son asuntos consensuados se reflejan en diversas disciplinas como la ciencia, derecho, política, economía, religión, costumbres. Idiomas que han asimilado el nuevo consenso moral. Por eso coloqué el ejemplo del derecho del aborto cuando estaba en el momento de establecerse un nuevo paradigma de la ciencia incorporado en el estado de derecho y que luego incide en otros quehaceres.

Lo anterior se puede ver en un ejemplo sencillo. Un supervisor está golpeando a una mujer encinta en su lugar de trabajo, un obrero observa y no hace nada y se marcha, y sus compañeros al otro día le gritan cobarde, que no actuó bien. Han emitido un juicio moral. Entonces el obrero les informa algo desconocido: no puede perder su trabajo porque en la casa tiene a su madre enferma en coma y un hijo cuadrapléjico que morirían si pierde su trabajo. El juicio de valor cambia favorablemente al conocer la realidad concreta.

En el caso de la pandemia, son nuevos los conocimientos de la ciencia sobre el Covid, sus efectos en la vida y salud, las particularidades de sus variantes como la Delta. Se van acopiando datos, experimentos y protocolos y comienzan a desarrollarse consensos en la comunidad científica. Hay sectores atrasados porque el fonomeno moral está sujeto a la ley del desarrollo desigual y las contradicciones y cambios, y hay aberraciones morales que responden a viejos paradigmas y disciplinas caducas.

Poco a poco la ciencia va acercándose al conocimiento del virus y sus cepas. Lo que es cierto ya e incuestionable es que mata y afecta la salud, según reflejan los números de contagiados, efectos en la salud y muertes. Y se va demostrando que las vacunas ayudan a enfrentar la lucha contra el virus, es decir que la vacuna es mejor que la no vacuna para proteger vida y salud. Se va comprendiendo que es como un paracaídas que salva más a quien lo use que a quien se tire de un avión sin el mismo.

Entonces se comienzan a elaborar protocolos y medidas por los países que son como especies de paracaídas de las personas. Puede que muchas medidas que van surgiendo choquen con creencias individuales de algunos. Y hay que respetar por el derecho a la intimidad algún tipo de medida que practique alguien que no llegue al extremo de barbarie o aberración en su hogar, que no afecte niños u otros. Pero esa decisión individual no puede ir por encima de la protección del bienestar general.

Llegamos al asunto de la sugerencia de una mascarilla de color rojo cuando el ino vacunado sale a mezclarse con el público. Y se establece primero por costumbre y luego por protocolo del estado. Y alguien protesta y llega el caso a la corte y se debate cuál derecho prevalece si la dignidad individual o el bienestar colectivo para tomar medidas de distanciamiento. No cabe dudas que si el mecanismo fuera colocarle un gorro de burro para humillar al no vacunado pues prevalece su derecho a la dignidad. Pero una mascarilla roja no es tan indigno y cumple una función de protección.

Lo mismo si analizamos el siguiente escenario imaginario: hay un paciente en un hospital no vacunado que está en un cuarto de intensivo con oxígeno y lo sacan para colocar a un médico que llega infectado con Covid y el otro muere. No existe protocolo ni reglamentación que cubra esa decisión y todo tiende a indicar que es abusiva y discriminatoria. Sin embargo si se establece que el no vacunado tiene otros antecedentes, se coló en el turno, se robó morfina del hospital y se la inyectó en un descuido, le robó el turno al médico, sobornó a alguien para llegar primero, entonces los hechos van configurando un nuevo escenario para emitir un juicio moral alterno.

Así que es importante tener mente abierta y rigurosa frente al desarrollo de la pandemia y los protocolos, costumbres y normas de derecho positivo, que se van estableciendo para proteger el bienestar general y de cada persona. No es lo mismo que a un estudiante no vacunado una universidad le niegue acceso que le exija vacuna so pena de tener que tomar clase virtual durante un tiempo. Hay que tomar en cuenta el respeto del estudiante no vacunado a los requisitos de mascarilla o distanciamiento.

Se irán desarrollando conocimientos, protocolos, conductas, normas según avanzan los acontecimientos. Lo que no puede haber son fanatismos ni creencias o conductas inmutables y fundamentalistas sin estar abiertos al cambio según vaya dictando la excelencia médica y los protocolos frente al desarrollo de la pandemia.

Recordemos, la moral no es fenómeno inmutable, permanente, eterno, cambia según cambia la era, la realidad y los otros quehaceres, entonces los otros fenómenos y quehaceres impactan la moral y viceversa. Siempre debemos aspirar que la norma moral- autónoma y voluntaria-, la costumbre que es norma impuesta por la comunidad, o la norma positiva, reglamentaria o estatutaria impuesta por virtud del poder coercitivo del estado-sean justas, y protejan en justo balance el bienestar general e individual tomando como corolario que el interés individual no va por encima del interés de la sociedad en general.

Al calor de estos grandes debates éticos y desarrollo de la ciencia se irán cuajando los consensos morales, éticos, buenos, correctos que se irán incorporando en las costumbres, en el derecho, en la religión, en la política. Porque insistimos, la moral es un fenómeno cultural, histórico, concreto y determinado, como todos los quehaceres humanos, tales como la ciencia, artes plásticas, música, política, religión, derecho, costumbres, profesiones, etc. La moral es la savia que impacta a todos los quehaceres humanos y viceversa, los quehaceres humanos impactan a la moral.

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