Por: Randy Alonso FalcónLisandra Fariñas AcostaAnia Terrero, 5 octubre 2021 

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El Código de las Familias, en su propóstito de proteger las diversas realidades familiares existentes en la Cuba de hoy, es un documento medular para la sociedad cubana del presente y el futuro.

El análisis de la versión No. 22 de anteproyecto de esta norma en consultas especializadas y a través de la recepción de las opiniones de la población, son elementos importantes para su posterior discusión como proyecto en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Se prevé que 47 instituciones participen en el proceso de consulta especializada, el cual debe culminar el próximo 15 de octubre. Hasta la fecha, de acuerdo con el Ministerio de Justicia, han participado en dichas consultas la Organización Nacional de Bufetes Colectivos, el Ministerio de Justicia, la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, la Asociación Nacional de Economistas y Contadores, la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción, la Unión de Informáticos, el Ministerio de Educación, la Asociación cubana de Limitados Físico Motores, la Asociación Nacional de Sordos, la Asociación Nacional de Ciegos, el Centro de Estudios Demográficos de la UH, el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la ONEI, los CDR, la FEEM, el Centro Nacional de Educación Sexual, redes LGBTIQ+, la Sociedad cubana para el Estudio de la Sexualidad y la Facultad de Sociología de la UH.

Se sumarán otras instituciones asociadas al derecho, a los jóvenes, a los comunicadores, periodistas, sicólogos, la Central de Trabajadores de Cuba, la plataforma intereligiosa, la Fiscalía General de la República, los tribunales, pedagogos, entre otras áreas.

Se han recibido además en el sitio institucional del Ministerio de Justicia, 6 198 visitas a la propuesta del Código, 567 correos y de ellos 323 con opiniones favorables, 94 en contra, 38 con criterios, 20 que solicitan modificaciones, 58 que hacen consultas; y que son parte de las percepciones que enriquecerán el texto y de un proceso democrático de construcción de un Código que atañe a toda la ciudadanía.

Reconocidos especialistas de la psicología, la sociología y la demografía se acercan en la Mesa Redonda de este martes a interesantes aristas de la propuesta de Código de las Familias, que pueden ayudar a comprender la trascendencia y dimensión de este texto.

 

Cuba tiene una estructura, composición y dinámica demográfica diferente a la de 1975

Al intervenir en el espacio televisivo, el Máster en Ciencias Juan Carlos Alfonso Fraga, Vicejefe de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei), recordó que el Código vigente es de 1975: “tiene 46 años y solo 1.8 millones aproximadamente más de cubanos que en 1975”.

Pero—sostuvo— lo importante no es el incremento de este número, sino que demográficamente Cuba tiene otra estructura, otra composición y otra dinámica. “Ello es fundamental, porque se interrelaciona directamente con la formación de los hogares y de las familias que viven en estos”, dijo Alfonso Fraga.

“Cuba es un país con una estructura demográfica diferente a la de 1975.  Por ejemplo, se duplica la población de 60 años y más que había cuatro décadas atrás. Somos un país envejecido”, explicó el especialista.

Asimismo, la estructura por sexo y edad de la población cubana determina el ciclo de vida y su interrelación en las familias. “En estos momentos estamos en un ciclo de vida familiar tardío, lo cual está asociado a la acentuada disminución de la fecundidad en el país, desde hace 43 años”, remarcó.

No es un fenómeno actual, insistió el experto, sino que data de otro momento cuando las condiciones económicas, sociológicas, sicológicas, y las familias funcionaban de manera distinta a cómo funcionan hoy.

Alfonso Fraga explicó que en el año 1975, la fecundidad en Cuba—que es la variable que más actúa en el crecimiento de la población y por lo tanto en la formación de hogares y de familias— era de más de dos hijos por cada pareja, y por tanto crecíamos poblacionalmente.

Para 1978 esta variable era menor a dos, y el efecto a través de los años y la inercia de este proceso es lo que tenemos hoy: una población que decrece, en el último año de manera natural (fallecen más personas de las que nacen, aunque ello no está asociado solamente a la COVID-19, pues en nuestro país mueren cada año más de 100 000 personas), refirió.

 “Tenemos una dinámica demográfica muy particular en el contexto del mundo desarrollado. Nuestros indicadores demográficos determinan un tipo de familia pequeña, con funcionalidades y estructuras diferentes. Para tener una idea, las últimas investigaciones dan cuenta que en el país hay alrededor de 3.8 millones de hogares o núcleos, con 3.2 millones de familias nucleares biológicas: mamá, papá, niño; cónyuges; familias monoparentales con uno de los cónyuges (fundamentalmente mujeres) y su descendencia… y lo que ha disminuido es la familia con hijos. Casi el 64% de los hogares en Cuba no tenían presencia en el Censo de Población y Viviendas del 2012, de niños de 0-14 años, cifra que se ha ido incrementando”, comentó el entrevistado.

Lo anterior, señaló, establece una dinámica demográfica y familiar muy sui géneris. Tenemos familias pequeñas, de alrededor de tres personas como promedio, con composiciones diferentes y con un incremento de las personas envejecidas.

“Conjuntamente con esa tendencia de familias pequeñas, se está incrementando también en el país el número de hogares unipersonales, que no son familias pues están compuestos por una sola persona. Estos representan alrededor del 18% de los hogares en Cuba”, destacó Alfonso Fraga.

Estas personas pueden o no pertenecer a una red familiar, nacional o trasnacional, agregó.

Patricia Arés: Las familias se parecen a su tiempo

“No hay dudas de que la familia cubana ha venido produciendo una serie de cambios: es diversa en sus estructuras, en su forma de organización, y lo más importante, ya no podemos hablar de un único modelo de familia”, señaló la Doctora en Ciencias Patricia Arés Muzio, psicóloga y profesora titular y consultante de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

Es imposible pensar, tanto en Cuba como en el mundo, en que hay una única forma de organización de la familia; pues una serie de eventos han transitado a lo largo de la historia. “Las familias se parecen a su tiempo, a su contexto social e histórico y estamos hablando de una familia atravesada por la migración, el aumento del divorcio, por la disminución de la fecundidad, el envejecimiento demográfico entre otros elementos”, señaló la prestigiosa sicóloga.

Todo ello, dijo, ha hecho unas formas de organización familiar donde “ese modelo tradicional de mamá, papá y nené para nada es una visión idealizada retrospectiva de familia, pero que no tiene siempre relación con las realidades que las familias están viviendo en la actualidad”.

De acuerdo con la profesora, para la sicología la familia es la unión de personas que comparten un proyecto vital de existencia que se quiere duradero, pero donde se desarrollan fuertes nexos de dependencia, de amor, solidaridad.

“De ahí que defendemos que mientras haya un hilo de amor hay familia. Por ejemplo, lo que un niño necesita es amor, y lo que realmente es importante es cómo esa familia cumple sus funciones. Este nuevo Código nos invita a repensar y redefinir las visiones que tenemos de la familia, pues aunque vivimos realidades tan diversas muchas veces tenemos una visión única de familia”, dijo Arés Muzio.

La sicóloga consideró que es esencial reforzar los lazos de amor y descentrar la idea de que la familia está sustentada en los códigos sanguíneos, donde se asume como la familia verdadera la que tiene vínculos de parentesco. “Los niños cubanos no utilizan para nada conceptos de familia que tengan que ver con estos modelos únicos. Cuando se le pide a un niño que pinte su familia, este dibuja a las personas que quiere, vivan o no bajo el mismo techo”, sostuvo la especialista.

En Cuba, insistió, la familia es una red familiar, hay sistemas multifamiliares donde las vidas de las personas discurren en más de una unidad familiar.

“Le puedes preguntar a una niña cómo es tu familia y decirte: de lunes a viernes estoy con mi abuela para ir a la escuela, un fin de semana estoy con mi mamá en su casa junto a su nuevo compañero y mi hermano y el otro fin de semana voy a casa de mi papá, su esposa y el hermano de mi hermano que no es mi hermano pero es como si lo fuese”, ejemplificó Arés Muzio.

O puedes escuchar: “mi mamá se casó con un señor que es mi papá del corazón”, y los niños te utilizan un lenguaje que básicamente tiene que ver con los afectos, con los nexos, con las personas que verdaderamente quieren, comentó.

De acuerdo con la profesora, en la literatura científica lamentablemente habla de familias incompletas si se distancian del modelo hegemónico,  o de las “intactas” como que son las buenas o de las familias de los “astros” por madrastras, padrastros, hermanastros; cuando realmente esta terminología no tiene sentido en el día de hoy cuando hablamos y defendemos los padres y madres afines.

“En el Código se le va dando visibilidad a todas estas realidades familiares. Vale rescatar algunas como la presencia de los abuelos. En el 64% de las familias cubanas está la presencia de un adulto mayor y la mayoría de estos desarrollan un rol de abuelo. Alrededor de 20 000 niños y niñas en Cuba viven solo con sus abuelos, pues los padres han emigrado, están de misiones o en otros trabajos. Por lo tanto, el abuelo es una figura a defender, a proteger, pues a veces este ha quedado en un limbo jurídico, los padres no están y tienen que tomar decisiones de procederes médicos y otras necesidades y sin embargo no puede hacerlo porque no tiene protección”, explicó Arés Muzio.

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