Una tercera encuesta privada confirmó hoy domingo que crece la ventaja del izquierdista Pedro Castillo sobre la neoliberal Keiko Fujimori, a dos semanas del balotaje del 6 de junio por la presidencia de Perú.

Un simulacro de votación de la empresa Ipsos verificó un 52,6 por ciento de votos válidos para Castillo, frente a 47,4 de su rival, sin contar boletas en blanco y nulas, como será en el cómputo oficial, lo que se agrega a similar medición de la firma Datum, que registró un 53,15 por ciento para el candidato izquierdista versus un 46,85 por ciento favorable a Fujimori.

Ademas, un sondeo telefónico de nivel nacional, como los otros dos asignó 44,8 a Castillo y 34,4 a Fujimori, con una diferencia a favor del primero de 10,4 puntos, y en los tres casos el maestro rural crece más y ensancha la diferencia a su favor respecto a las mediciones de cada empresa difundidas una semana antes.

En la nueva encuesta, el candidato se impone en las provincias de Lima y las regiones Norte, Centro, Sur y Oriente, y Fujimori mantiene la mayoría en Lima Metropolitana, donde se concentra aproximadamente un tercio de la población.

El presidente de Ipsos, Alfredo Torres, sostuvo que en las dos últimas semanas previas a la segunda vuelta son decisivas y alentó la posibilidad de una recuperación de la candidata, mientras otros analistas, tras los anteriores sondeos, fueron escépticos sobre una reversión de la tendencia.

Torres alegó también que dos semanas antes de la segunda vuelta de 2016, Fujimori tenía una ventaja de cinco puntos sobre Pedro Pablo Kuczynski, la misma que favorece esta vez a Castillo, pero entonces Kuczynski ganó por estrecho margen la Presidencia.

Omitió señalar que el ganador de ese año no tenía el alto nivel de rechazo que existe actualmente hacia Fujimori.

La campaña de la segunda vuelta se caracteriza por un fuerte contenido anticomunista del fujimorismo y por el abierto apoyo de la gran mayoría de los medios de comunicación a la postulante presidencial.

Esos ingredientes, según percepción generalizada, han tenido un efecto bumerán, al motivar la reacción a favor de Castillo, de quienes adversan a Fujimori por el recuerdo del gobierno de mano dura de su padre Alberto (1990-2000) y el más reciente de la errática actuación de la candidata con su mayoría parlamentaria, entre 2016 y 2018.

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